
El rugir del triperío nos guió hasta este santuario del buen comer. Judi, parecía que quería sumergir la cara en el vaso de leche, al puro estilo de Cleopatra, de quien dicen los historiadores, se bañaba con leche de burra para conservarse bella y suavecita; pero esa es otra historia... Val sonríe picarescamente, tal vez pensando en los chilaquiles con los que se va a deleitar.
Después de desayunar pasamos a visitar la tienda de abarrotes del primo -alias "Elías Ríos Sanchez", já! Es obligada la visita sólo para mirar la extensa lista de deudores que son expuestos en un cartel, y a quien tiene registrados por nombres, apodos y parentescos; año en el que pidieron fiado y se hicieron ojo de hormiga y monto del adeudo en viejos y nuevos pesos!
Soy toro, no puyeque, Chago el arrollero, uno de los Chindenges y el Nalgón son algunos de los que están jubilados por antigüedad, o sea, que el Primo les ha perdonado la deuda; y a esos y otros tantos les anuncia: "Ya pueden volver, no ay fijón. Somos amigos!" Aclaro que el letrero está lleno por los dos lados.
Es tan rica la vegetación en el Tuito que no me asombré de ver un árbol de Copas de Oro. Valeria preguntó: que la copa de oro no es una guía? Y ya fijándonos más de cerca nos dimos cuenta que se había fusionado con un guanabano.
La plaza del Tuito, tan bella ella y tan limpia, no necesita que más bellezas la adornen, pero ahí estamos, persistentes.
Más al Sur, ya en el municipio de Tomatlán, hay una presa llamada Cajón de Peña. En las orillas de ésta se establecen sencillos restaurancitos que comercian con el producto que de sus aguas se cosecha: las lobinas.
Había que rebasarlos. Larga era la fila de automoviles detrás. A nosotros nos urgía llegar a la presa, y ellos, tan quitados de la pena...
Por fin se divisaba a lo lejos-cerca nuestro destino. Era tan bella la vista!
La comida tuvo lugar bajo la sombra de unos frondosos guamuchiles y tamarindos. Mientras nos preparaban las "presas" recién extraídas de la "presa", nos dedicamos a degustar algunos de los frutos que los arboles nos ofrecían. El hambre nos hacía brincar.
Al ataque!
Patos, gallos y gallinas departiendo juntamente con nosotros. Como la creación debiera ser.
Unos desde abajo, con ganchos; otros desde arriba, a mano. Había que llenar la hielera.
No sólo me dediqué a tomar las fotos. También me gané el pan con el sudor de mi frente.
Y mi papá se quería subir al cielo y confundirse con él.
















